sábado, 1 de marzo de 2014

¿Vuelven la censura y los tabúes sexuales?

Pese al boom actual de la literatura erótica, la libertad de expresión en materia sexual está hoy amenazada por una serie de tabúes que incluso Cincuenta Sombras de Grey y sus seguidoras deben observar sin cuestionarlos.


  Arte de portada original de Karina Vagradova, para 'La mujer que desató el mayor escándalo sexual de todos los tiempos'.



El primero, y más evidente, pide ocultar en toda imagen la partes "vergonzosas" o "pecaminosas" del cuerpo, que vuelven a incluir las mamas. Eso puede causar sorpresa e incredulidad en España, que se lleva muy bien con los pechos femeninos y los exhibe con orgullo en las portadas de Interviú, en las pantallas de la tele, en los periódicos, en las playas y en los bares. Desde la península, cuesta entender que, en los Estados Unidos, un seno destapado durante medio segundo, aun con el pezón cubierto, le causara a Janet Jackson un bombardeo de críticas airadas, denuncias y multas.
Descubrí la nueva vigencia de este tabú cuando Amazon me pidió que cambiara la portada de mi novela La mujer que desató el mayor escándalo sexual de todos los tiempos para no censurarla en las búsquedas. El problema era que el diseño estaba basado en el cuadro de la pintora Karina Vagradova  que abre este post, en el que -como véis- aparecen dos mujeres semidesnudas.
No me valió de nada protestar, con firme cortesía, y argumentar que se trataba de una obra de arte y que por la misma regla de tres se deberían considerar obscenas La maja desnuda o la Venus de Botticelli. Al final, cedí y cambié la portada usando solo un detalle de un rostro del mismo cuadro, que en todo caso se adapta muy bien al libro.

  
  'La Maja desnuda' (1795-1800) de Goya. 



Recientemente, me tuve que enfrentar también a una censura más radical sobre el contenido: Booktango, una de las mayores empresas distribuidoras de libros electrónicos del mundo anglosajón, rechazó comercializar la edición inglesa de mi novela por considerarla "pornográfica". Acababa de chocar con el tabú de la pornografía con una obra de ficción que no contiene ninguna imagen gráfica. Para justificar su decisión, Booktango puntualiza que ellos distribuyen novelas eróticas, pero ninguna es tan explícita como la mía. Lo irónico es que, aun con su contenido sexual, mi obra es una distopía "que transmite, ante todo, mucho amor".
Afortunadamente, la competencia de Booktango, Smashwords, sí ha aceptado distribuir mi novela, así es que, de momento, me he librado también de esta forma de censura sin tener que hacer ningún cambio.



 'El nacimiento de Venus' (1484), de Botticelli


Lo preocupante es que las directivas sobre contendido de Amazon y de las otras grandes librerías anglosajonas también incluyen la prohibición de la pornografía y, por lo visto, lo que cabe en tal categoría no está bien definido. Así, incluso una novela de ficción que ya está publicada puede caer en desgracia de un día para otro, si alguien la denuncia.
De hecho, esto es lo que les ocurrió recientemente a otros autores: todo empezó el pasado 9 de octubre, día en que apareció un artículo en la revista inglesa The Kernel acusó a una serie de autores del género erótico de promover la violación, el incesto, la pedofilia y la zoofilia, criticando a Amazon por lucrarse con sus ventas.
Pocos días después, la BBC sugirió que Amazon podía tener problemas legales en Gran Bretaña por no tener un filtro sobre el contenido para adultos. Eso provocó que algunos de los mayores portales de venta de libros electrónicos en Gran Bretaña, incluyendo Amazon, eliminaran sin ningún preaviso algunos títulos de sus catálogos, junto con muchas otras novelas eróticas e incluso de otros géneros.
Muchos libros 'inocentes' han desaparecido, al menos por un tiempo, como efecto colateral de esta nueva caza de brujas. Además, en los casos en que sí aparecían violaciones, incesto, pedofilia o zoofilia, tampoco está claro que el propósito fuera, en todos los casos, promover esas conductas en la realidad. De otra manera, todas las ficciones policíacas que hablan de asesinatos deberían estar prohibidas.
El resultado es que se está imponiendo un estándar de ficción 'sexualmente correcta'. Ahora que la fortuna de un libro se determina en internet, y las mayores librerías online son anglosajonas, ese estándar y los tabúes que implica van penetrando poco a poco también en el resto del mundo, incluida España. Y vuelven los tiempos de la censura y las hojas de parra.

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 Director: Peter Jackson


 Director: Andrei Tarkovsky


 
 Director: Lars von Trier


Director: Wim Wenders

viernes, 7 de febrero de 2014

Robert Crumb: «No estoy loco, pero ando al límite»

Padre del cómic underground y creador del gato Fritz


 


Si tuviéramos que seleccionar los nombres de cinco artistas indispensables de la historia del cómic, Robert Crumb (Filadelfia, 1943), indiscutiblemente, estaría entre los elegidos. Es el mayor representante de la historieta en su vertiente más independiente, padre del gato Fritz, Mr. Natural, Mr. Snoid y tantos otros personajes ácidos y entrañables. Rey del tebeo underground, símbolo de la contracultura americana de finales de los 60, la obra de Crumb atrae a todo tipo de lectores. «Hay gente que toma mi trabajo demasiado en serio», suele recalcar. «Y cuanto más en serio me toman, más dinero gano».


Robert Crumb: «No estoy loco, pero ando al límite»
robert crumb
Portada de un tebeo de «El gato Fritz»




–Ha recibido un premio a toda su carrera que otorga un festival dedicado a la literatura y el arte, no al cómic directamente. ¿Cómo lo ve?
–Estoy muy agradecido. Además, viene con una dotación económica, ¿qué más puedo pedir? No soy rico pero no me va nada mal…


–Tras publicar su última gran obra, «Génesis» (2009), comentó que había acabado extenuado. Incluso se le pasó por la cabeza dejar de dibujar…
–Seguí dibujando, pero no he vuelto a meterme en un proyecto tan grande desde entonces. Sigo siendo popular, afortunadamente, y hay personas que me hacen encargos más sencillos.


–La lió con su traslación del Antiguo Testamento a las viñetas, y eso que no cambió ni una coma del texto original.
–Fui respetuoso, pero algunos creen que la Biblia es intocable. No busqué la parodia, quise plasmar el texto fielmente. Es imposible no ofender a aquellos que quieren ser ofendidos.


–Suele comentar que es un tipo espiritual, que no duda de la existencia de Dios, simplemente no sabe quién es…
–Es cierto. Me suelo definir como una persona gnóstica. El gnóstico tiende a pensar que hay un orden más grande en el universo que no somos capaces de entender. El gnóstico busca y no cree hasta que lo encuentra. Todo cobra más sentido y es más beneficioso. Ya no me preocupa tanto la muerte, es terrible vivir angustiado pensando en ella.





–¿Cómo es su manera de trabajar frente a la hoja en blanco?
–Es imposible de describir. La parte técnica empieza con el lápiz. Tardo mucho más en dibujar ahora, pero es más espontáneo. Más lento el proceso, pero menos encorsetado. Creo que mi dibujo ha mejorado con el tiempo, como siguen mejorando mis capacidades técnicas. Más exacto, más soltura… 


–¿Qué es para usted el underground?
–Meterte en problemas. Significa hacer cosas en contra del sistema. Es algo que no siempre aprecia la gente, es para una minoría. Ser políticamente incorrecto suele implicar ser crítico, cuestionar lo que nos rodea. Ahora nos venden un humor muy descafeinado.


–Es considerado uno de los nombres esenciales de la historia del cómic. ¿Imaginó algo así en sus comienzos?
–Cuando tenía trece años quería ser un dibujante de cómics profesional, pero pronto asumí que iba a tener que vivir de dibujar tebeos mainstream. No había alternativas en esa época. A los 18 años me fui convirtiendo en un outsider, una persona alienada más de la sociedad, y ya no me veía trabajando en la industria. Empecé a dibujar para el disfrute personal, sin pensar en el aspecto comercial. A finales de los sesenta, cuando el movimiento hippie y el underground empezaron, y comenzaron a publicarme dibujos e historietas, mis cómics llegaron a las personas que seguían esa tendencia, por lo que empecé a dibujar para esa gente, en tiradas cortas que vendían lo suficiente para que yo pudiera vivir de ello.


–Trabajaba con libertad...
–¡Total! Dibujaba sin limitación de ningún tipo, nadie me decía que no podía dibujar algo. Me parecía un milagro. Mis seguidores nunca fueron tantos… Tampoco me estaba haciendo rico. En los 80 y 90 ya podía vivir bien, incluso comprarme una casa en el sur de Francia. Y es cierto que no llego solo al lector habitual de cómics. Esta gente tiende más a leer historias de superhéroes, pero hay siempre una minoría que busca cómics más interesantes. Hay cómics menos comerciales que tienen su nicho, pero nadie se hace rico dibujando ese tipo de cómics. Son verdaderos entusiastas.


–Se dibuja a sí mismo en muchas de sus historietas. ¿Le resulta una manera ideal para expresarse?
–La mejor manera de expresar las ideas de uno es ser honesto y directo. A veces no sabes cómo poner tus ideas y tus expresiones en la boca de otro personaje. 




–El humor siempre ha estado presente en su obra. ¿Esencial para que pese menos la vida?
–El humor es muy importante. No podría ser serio en nada de lo que hago. Incluso si dibujara versiones de textos de Sartre, le sacaría la sutil ironía que tiene detrás de su obra. 


–Es célebre su frase «I’m an outsider. I will always be an outsider». ¿Sigue pensando así?
–Siempre me he considerado un tipo extraño, hay algo en mi sistema nervioso que lo hace raro. No estoy loco, pero sí ando en el límite.


–¿Por qué dejó América?
–América está cada vez peor, pero fue más por la insistencia de mi mujer. Al final la dejé que se saliera con la suya y acabé despertando en Francia. Me gusta este país. La gente es más humana.

 

jueves, 6 de febrero de 2014

Santiago Roncagliolo - Por siempre jamás



emos llegado al final. oh, los finales son tan tristes. no. éste es un final felis. es en realidad un nuevo comienzo ¿verdad? tú comprendes. puedo verlo, puedo ver el coro de los muertos recibiéndome, palmeándome la espalda con sus manos sudadas de sangre. será pronto. podremos jugar juntos, por la heternidad, en un mundo nuevo, en un mundo de gente que vivirá para siempre.


no siempre fui así ¿sabes? hubo un tiempo en que creí que se podía bibir de otro modo. pero es mentira. yo era inosente. si la historia va a venir por nosotros de cualquier manera, lo mejor es acelerarla, obligarla a hadelantarse, someterla. como a ti. seremos espejos del universo, carnes de sacrificio que dibujan la estela del tiempo. será bonito.

me gustan tus ombros. son suaves. a los demás también les gustarás. heres el centro de todo ¿sabías? todas las partes irán a ti, tú tendrás una gran responsabilidad. espero que estés a la altura. ¿alguna vez as hecho lo que estoy haciendo? es como trocear un pollo, siempre está lleno de huesos y cosas. pero lo que se come es el músculo. no se come la sangre. es pecado eso.

pero no te distraigas. ayer ha sido el día del sepulcro y hoy será el de la gloria. ya han dejado de flamear las banderas negras de la catedral. es un buen día para ti. mañana dios comenzará a resucitar. y el domingo, el sol saldrá sobre un mundo nuevo. todo gracias a nosotros. el mundo sabrá lo que hicimos. ya me aseguré de eso. será triste, porque también vendrán por mí para eso

oh, a mí tampoco me gusta. pero los grandes cambios son así, nasen del dolor. no quiero que pienses que esto es un castigo, no. es una penitencia. un acto de conversión. tomamos nuestras carnes y las purificamos hasta convertirlas en luz, en vida eterna, en materia divina. seremos ángeles, ángeles con espadas de fuego, de los que cuidan la entrada del paraíso. cancerberos del edén ¿te gusta eso? a mí me gusta. cancerberos del edén. ja. nadie pasará sin que antes lo probemos con nuestras hojas afiladas y candentes. estaremos todos, y todos seremos uno y el mismo, multiplicados por los espejos que somos unos de otros. todo acabará en nuestras manos y todo comenzará en ellas. quizá algún día, podremos derrocar a dios. y entonces nadie podrá detenernos. por siempre jamás.

pero para eso, ya te digo, antes tendrán que venir por mí.




En Abril rojo

Aizenberg, eterno


"Cuando Kafka habla de potencias ocultas está hablando, me parece, de los movimientos del universo de los que los hombres no estamos aislados", le confesaba Roberto Aizenberg al escritor Carlos Barbarito. Le dijo también cuál era el hilo conductor en su obra: "La idea de que la actividad pictórica es un instrumento y no un fin en sí mismo". Esta actitud frente al arte se comprueba en la muestra Sin edad, sin tiempo, sin espacio, pensada desde la dirección de la galería Ruth Benzacar con Silvia Bloise, responsable del acervo del artista.


En la sala principal se privilegiaron los dibujos y en el subsuelo, las pinturas; sus obras adscriben al surrealismo, especialmente en su aspecto más metafísico y con cierta preferencia por el automatismo.


Testimonios de sus amigos confirman una vida interior mucho más intensa que su currículum de exposiciones y distinciones. Había nacido en 1922 en Villa Federal, Entre Ríos, en el seno de una familia de inmigrantes judíos provenientes de Ucrania. Se trasladó a estudiar al Colegio Nacional de Buenos Aires, y a los veintidós años conoció al que sería su gran maestro, Juan Batlle Planas, quien lo inició en los misterios de la escritura automática y los postulados del surrealismo. Creó un repertorio iconográfico de arlequines, torres, figuras que llamó "humeantes", abanicos, formas geométricas y personajes varios.


Pasados sus cuarenta años conoció el amor de Matilde Herrera; los reconocimientos y el bienestar económico no bastaron para amortiguar el dolor del exilio y de la desaparición de los tres hijos de su pareja. Después de una temporada en Francia y en Italia, retornó a la Argentina con la democracia; en 1990 fallecía Matilde y seis años después, este hombre silencioso, gentil y educado, la siguió.


En nuestros días, tiempos del agotador imperio del ego, resuelta extraño leer sus declaraciones: "Yo no pretendo expresar nada, uno es un instrumento de no sé qué cosa. El artista no expresa nada. Ningún ser humano expresa nada, salvo sus genes, dentro de lo que le toca en suerte en la riqueza infinita de la naturaleza". Había reconocido la importancia de Marcel Duchamp: "Sobre todo en aquello que vincula el arte con las distintas vertientes del conocimiento espiritual. Como sabrá -le contaba a la investigadora Adriana Lauría-, Duchamp conocía bien todo lo que tuviera que ver con el esoterismo y muchas de sus obras se basan en figuras herméticas".


Él mismo abreva en estas fuentes, como se ve en Privilegio de los reyes de Hungría, serigrafía de 1976 con figuras del rey y la reina unidos por un mismo cuerpo, una fórmula muy frecuente en los tratados alquímicos. La dualidad de lo fijo y lo volátil, tan estudiada por los alquimistas, se refleja en la serie de "humeantes", personajes masculinos y femeninos sin cabeza y con humo saliendo del cuello. Más que humanos, parecen fábricas con chimeneas, o cuerpo-atanor, donde tiene lugar la gran transformación.


Entre las pinturas se seleccionó una clásica Torre, un óleo fechado entre 1990 y 1995. Esta forma arquitectónica fue un tema muy visitado por el artista, quizá por ser un antiquísimo símbolo de ascensión espiritual, una forma de marcar un eje de unión entre el cielo y la tierra. Aizenberg fue dueño de una pintura serena, que dejaba transparentar aquellas fuerzas ocultas de las que hablaba Kafka.

José Saramago - El viaje perfecto



Salimos de Lisboa al caer la tarde, aún con luz de día, por una carretera de tráfico tranquilo.


Podíamos hablar con calma, sin precipitar las palabras ni temer las pausas. No teníamos prisa. El motor del coche zumbaba como un violoncelo cuya vibración de una sola nota se prolongara indefinidamente.

En los intervalos entre las frases llegaba hasta nosotros el suave rumor de los neumáticos al deslizarse sobre el asfalto y, en las curvas, el jadeo de la goma crecía como una advertencia, para seguir luego rodando con el mismo pacífico murmullo. Hablábamos de cosas tal vez ya sabidas, pero que, al ser dichas otra vez, eran tan nuevas y tan antiguas como un amanecer.

Las sombras de los árboles se tumbaban en la carretera, pálidas y muy largas. Cuando el camino cambiaba de orientación, cara al sol, recibíamos en el rostro un chorro rápido de relámpagos llameantes.

Nos mirábamos y sonreíamos. Más allá, el sol se apagó tras una colina inesperada. No volvimos a verlo. La noche empezó a nacer de sí misma y los árboles recogieron las sombras dispersas. En una recta más extensa, los faros se dispararon de pronto como dos brazos que fuesen tanteando el camino a lo lejos.

Cenamos en una ciudad, la única que había entre Lisboa y nuestro destino. En el café-restaurante, la gente del país miraba con curiosidad a los desconocidos que creíamos ser. Pero, en medio de una frase, oímos pronunciar el nombre de uno de nosotros: nunca nadie es suficientemente incógnito.

Continuamos el viaje: noche cerrada. Íbamos retrasados. La carretera era peor ahora, llena de baches, irregular, con bordes resbaladizos y muros que se alzaban en las curvas. Ya no era posible hablar. Ambos nos recogimos deliberadamente en un diálogo interior que intentaba adivinar otros diálogos, que preveía preguntas y construía respuestas. De la penumbra de unos rostros imprecisos llegaban las preguntas, primero tímidas, toscas, y luego firmes, con una vibración de cólera que intentábamos comprender, que cautelosamente esquivábamos o que decidíamos afrontar poniendo en la respuesta una cólera mayor.

Atravesábamos aldeas desiertas, iluminadas en las esquinas por faroles cuya luz muerta se perdía sin ojos que la vieran. Muy raramente, otro automóvil se cruzaba con nosotros y, más raramente aún, nuestros faros captaban la luz piloto de una bicicleta fantasmal que se iba quedando atrás como un perfil trémulo perdido en la noche.

Empezamos a subir. Por la ventana entreabierta penetraba un aire frío que daba vueltas por el interior del coche causándonos escalofríos en la nuca. Las luces blandas del tablero difundían por nuestros rostros un resplandor sereno.

Llegamos casi sin darnos cuenta, tras una revuelta del camino.

Anduvimos alrededor de una iglesia que parecía estar en todas partes.

Al fin dimos con la casa. Un cobertizo alto, con dos puertas estrechas. Había gente esperándonos.

Entramos y, mientras en un rincón conversábamos con el que nos había recibido, la sala fue llenándose silenciosamente. Ocupamos nuestros lugares. En la mesa había dos vasos y una jarra de agua.

Los rostros eran ahora reales.

Salían de la penumbra y se volvían hacia nosotros, graves, interrogativos. Era esa clase de gente a quien la palabra pueblo es tan adecuada como su propia piel. Había tres mujeres con niños en el regazo, una de las cuales, más tarde, abrió la blusa y allí mismo dio de mamar al niño mientras miraba y oía. Con la mano libre cubría un poco el rostro del niño y el seno, pero sin pensar demasiado en eso, tranquila. Había hombres de barba sin afeitar, trabajadores del campo, obreros, algunos empleados (¿dependientes de comercio?, ¿oficinistas?), y niños que querían estar quietos y no podían.

Hablamos hasta la madrugada.

Cuando nos callamos y se callaron ellos, hubo alguien que dijo simplemente, en el extraño tono de quien pide disculpa y da una orden: «Vuelvan cuando puedan». Nos despedimos.

Era tarde, muy tarde. Pero ni el uno ni el otro teníamos prisa.

El automóvil rodaba sin rumor, buscando el camino dentro de una noche altísima, con el cielo cubierto de luminarias. Sólo muchos kilómetros más allá conseguimos decir algo más que las pocas palabras de contento que habíamos intercambiado al arrancar.

Teníamos ahora ante nosotros un viaje largo. Atravesábamos un mundo deshabitado: canales silenciosos, las calles de las aldeas con sus fachadas adormecidas, y luego volvíamos a irrumpir en los campos, entre árboles que parecían recortados y explotaban en verde cuando la luz de los faros los perforaba. No teníamos sueño. Y entonces hablábamos como dos niños felices.

A la izquierda del camino, un río corría a nuestro lado.



En Las maletas del viajero
Traducción: Basilio Losada
Imagen: © Alfaguara/handout/dpa/Corbis

miércoles, 5 de febrero de 2014

En fotos: la arquitectura de la densidad

Ni la tierra ni el cielo se asoman en el paisaje urbano de Hong Kong, retratado por el fotógrafo alemán Michael Wolf Allí los edificios componen curiosos e intrincados patrones geométricos.

Ni la tierra ni el cielo se asoman en el paisaje urbano de Hong Kong, retratado por el fotógrafo alemán Michael Wolf.  Foto:  BBC


Cada imagen lleva un número por título y no un nombre, como un reflejo de la anonimidad inherente a las grandes ciudades, como en Hong Kong.  Foto:  BBC


 Los edificios crean patrones geométricos monótonos y perfectamente definidos.  Foto:  BBC


Las fotos forman parte de la exhibición "Arquitectura de la densidad", en la Flowers Gallery de Londres.  Foto:  BBC


La falta de espacio forzó a Hong Kong a apostar por los rascacielos, ya tiene cerca de 300.  Foto:  BBC


 Hong Kong es la ciudad con más rascacielos de más de 150 metros del mundo.  Foto:  BBC


 Wolf se sintió fascinado por el tejido social y arquitectónico de Hong Kong desde que se mudó allí en 1994 y fue testigo de su rápida expansión.  Foto:  BBC


 "Lo que me gusta de Hong Kong es el veloz ritmo de cambio, la imprevisibilidad, el caos maravilloso", cuenta el fotógrafo.  Foto:  BBC


 "Lo que me gusta de Hong Kong es el veloz ritmo de cambio, la imprevisibilidad, el caos maravilloso", cuenta el fotógrafo.  Foto:  BBC


 Aquí viven 7,2 millones de personas en una superficie de tan sólo 1104 kilómetros cuadrados.  Foto:  BBC